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Nota 1275 - (3ª Época)

De esto y aquello

jul. 16, 2017 12:26

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

Si en vez de tirar cada cual para su lado y a veces derrapando, de tal manera que se les ve hasta los pecados, digo, tuvieran el valor de sentar  sus posaderas alrededor de una mesa común y se pusieran de acuerdo en tres o cuatro cosas inamovibles para salir del pantano, que interesante sería la política actual. Y no hablo de pacto de la Moncloa porque en nada se parece, porque allí hubo –ya tampoco hay- un puñado de hombres de mucha altura cívica, con cultura y con ideología, y llegaron a lo que llegaron. Pero fue hace mucho, y mucho antes de la reunión de 1989 donde el establishment dio pautas para descerebrar a hombres y mujeres. En Argentina se han hecho muy bien los deberes. Y en ello están. Es por eso que se puede ver puestas en escena de un grotesco que lleva el apelativo de nacional. En medio de insultos y chicanas varias,  se van de los nervios y se les saltan los fueros.

     Y a triscar por el hemiciclo a la manera de simpáticos corderitos. Es inaudito, pero al parecer no tienen idea de su valor, ni  para qué sirven, ni de quienes son. Y en consecuencia, no está de más recordar, que los fueros son míos, no de los políticos. Yo se los he prestado a  todos ellos para que al defenderme a mí no los puedan tocar; no para que se defiendan ellos. Yo soy quien puede decirles si son aberrantes o no, y quien gritarles  que no hay que renunciar a  ellos, sino hacerlos valer, para aquello que les ha sido encomendado. Y echar sin remilgos a quienes han atentado contra la patria.  Con los fueros no se juega porque les cae encima todo el peso del fuero. O sea, no hacerse los machos renunciando a los fueros, Nadie se lo ha pedido. Y basta de marear la perdiz.

   La gente les ha pedido que respeten los fueros, y por supuesto, obligados a decirle a los votantes que los fueros nada tienen que ver con la corrupción. La corrupción no va de la mano con el fuero. A ver si se entiende. La ley de cualquier nación es limpia con respecto al tema. Por tanto, en estos casos, sea quien sea, se lo separa con fueros o sin ellos y se le juzga con fueros o sin ellos, porque en primer lugar los tiene prestados, y en segundo lugar son para defender estrictas cuestiones que atañen a la libertad. Los robos y corrupciones nada tienen que ver con el tema. Desde la edad media los fueros son de los pueblos. Los pueblos, los convecinos, piden fueros al rey.

     ¡Qué pena que no hay justicia! Que mal no estaría sentarse de una vez por todas y juzgar el reciente pasado, porque es hora de hacer lo que hay que hacer con él, con este pasado que nos carcome y no deja crecer. No se puede andar dando vueltas como un molino eterno. Hace rato que los corruptos debieran estar a la sombra, a la vez que enfrentar a los jueces que enfrentan a la gente, porque sin duda, en algún lado está escrito el camino a seguir con ellos; aunque no lo quieran ver ni hacer. No está de más recordar que hubo un tiempo que Argentina era grande, muy grande. Y por supuesto en aquella Argentina la mayoría de los actuales no tendrían cabida.

     Y no deja de ser curioso que gracias a esta gente enquistada en todos los niveles de la nación y sobre todo de su administración, es que no se puede llegar a una Argentina potencia. En años,  solo han conseguido excelente cosecha de pobres. Y para arreglar tal desastre en el día de hoy, no estaría dejar de lado pedantes asesores y dedicarse a la obra. Escrita por quienes andan por el pago. Por eso llama la atención que mientras en el G-20 los dueños del mundo, y los invitados que ya lo serán, se sientan para generar mensajes que aseguren con convicción ciertos augurios de que cada de sus pueblos andará mejor, pues en Argentina, a pesar de lo hecho que es mucho, pues nada, a contramano, y como hace alrededor de cuarenta a cincuenta años de que yo tengo memoria  y me consta, de lo único que se habla es de cómo hacer negocios comprando o vendiendo dólares; los unos muchos y los otros para vivir. Y en eso estamos.

     En los medios de comunicación de la última semana, hombres y mujeres daban excelentes muestras de saber economía, pero al cabo poco o nada quedaba claro. Solo medía la  incertidumbre. Lo habitual. Mientras, los que saben, ríen  a carcajada batiente tras las verjas. Yo nada entiendo del asunto, por eso digo que el dólar tiene que estar quieto. Frenado y bien tasado.  Y a trabajar.  Un país como Argentina, con generaciones pensando si el dólar  vuela o anda, no puede llegar a ser. Y dejarnos de embromar porque siempre aparecen cuestiones peregrinas y a borbotones, que, además, se rebelan contra las leyes y la Constitución. Y no pasa nada. Como en ese colectivo de jueces altisonantes y a contramano que quien lo comanda no es abogado por lo menos. Y no se quiere ir. Nadie de los anteriores se quiere ir. Sujetados al cargo, inmerecido, para más inri.

     Se están proveyendo demasiadas alas a quienes no deberían volar. Como la que se han montado para percibir nuestros dineros, en unas PASO, que no se le ocurre ni al que asó la manteca.  La verdad, que flor de follón ha armado el señor presidente. Lo peripatético es que nadie  entiende como se ha podido llegar casi, casi, a antes de aquel gran día para la patria que él asumía. Y hoy no está tranquilo ni él, ni nosotros, ni el pedante que sopla al oído, ni los inversionistas; o estos quizá sí. Pobre Argentina y pobres argentinos. El monstruo se había ido. Ahora, lo tendremos en el hemiciclo.

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